El problema del hielo en los sensores de viento

En las campañas de medición eólica en climas fríos o de alta montaña, el hielo es uno de los principales enemigos de la precisión.
Muchos anemómetros incluyen sistemas de calefacción, pero en la mayoría de los modelos solo se calientan el eje o el rodamiento, permitiendo que el sensor siga girando incluso cuando las cazoletas están cubiertas de hielo.

A simple vista el anemómetro parece operativo, pero en realidad las cazoletas pierden su geometría original y se altera la distribución de masas.
El comportamiento del sensor se desvía entonces del calibrado de laboratorio, generando errores significativos en la medida de la velocidad del viento.

El resultado son datos aparentemente válidos pero físicamente incorrectos, especialmente en periodos de formación intermitente de hielo, cuando la velocidad registrada ya no representa el flujo real.
En estas condiciones, el calefactado parcial no garantiza la fiabilidad de los datos.

 

Soluciones para minimizar los efectos del hielo en la medición

El hielo no solo interrumpe las campañas: también puede falsear los registros durante horas o días sin ser detectado fácilmente.
Por ello, disponer de una estrategia frente a la congelación es esencial para mantener la calidad y trazabilidad de los datos.

  1. Calefactado completo del sensor

Algunos anemómetros incorporan calefactado integral en el eje y en las cazoletas, evitando la acumulación de hielo en las zonas críticas.
Sin embargo, este sistema solo lo ofrece un número limitado de fabricantes y su consumo eléctrico es elevado, lo que complica su uso en emplazamientos remotos o sistemas autónomos.

  1. Uso de sensores con menor propensión a la congelación

Una alternativa práctica es utilizar anemómetros como el RM Young Alpine, que, aunque no alcanzan la precisión de los sensores First Class, resisten mejor la formación de hielo.
Comparar sus lecturas con las de un sensor principal de referencia permite detectar anomalías o periodos afectados por congelación.

  1. Anemómetros ultrasónicos calefactados

Los anemómetros ultrasónicos evitan partes móviles, reduciendo los problemas de congelación.
Aun así, también requieren calefacción en los brazos o sondas, y su consumo puede ser alto según el grado de protección térmica.
Cuantas más partes calefactadas tenga el sensor, más fiable será la medición, siempre que la fuente de alimentación esté correctamente dimensionada.

  1. Medición de temperatura y humedad

Registrar temperatura y humedad relativa es fundamental para identificar condiciones favorables a la formación de hielo.
Estos parámetros ayudan a validar las series de datos y a distinguir errores por congelación de variaciones reales en el viento.

  1. Verificación visual mediante cámaras

Una solución ingeniosa consiste en instalar cámaras orientadas hacia el sensor, que envíen imágenes o vídeos periódicos.
Las fotografías permiten verificar visualmente la presencia de hielo, correlacionar incidencias y reforzar el control de calidad de la campaña.

En resumen, no existe una única solución universal frente al hielo, y es difícil llegar a disponibilidades próximas al 100%, pero hay  medidas que podemos tomar para mejorar la disponibilidad de datos y para verificar su calidad.

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